Aviso

Las entradas de este blog que no fueran relatos han sido movidas a mi otro blog. Fantasmas de Plutón queda entonces sólo como blog para la creación literaria.

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miércoles, 25 de diciembre de 2019

La última vez

Sintió palpitar las sienes y unoyó  rumor lejano poco antes de saber que aún estaba dormido. La conciencia de la boca pastosa y distinguir el sonido insistente del teléfono precedieron al sobreesfuerzo que le costó abrir los ojos. Vio el techo blanco, ya era de día, y trató de incorporarse. Tenía los párpados secos y le dolía la garganta, vómito reseco le tiraba de la comisura de los labios y le acartonaba la barba. Desentumecer la mandíbula le dolió, la cabeza ahora martilleaba. Llevaba todavía los pantalones de faena y las botas estaban cerca del sofá, pero la chaqueta había desaparecido, sólo llevaba la camiseta, sucia. ¿No había sido capaz de llegar a la cama? Buscó con la mirada el reloj de pared, eran más de las tres. El teléfono seguía sonando. Rebuscó entre los cojines y sacó el terminal, la vista borrosa no le permitió reconocer quien estaba agravando sobremanera su resaca.
Papá Noel 
─ ¿Sí? - Recorrió la desordenada estancia con la mirada y con la esperanza de encontrar algún resto de lo que había bebido la noche anterior, lo necesitaba, dios cómo lo necesitaba...

═ Esta vez te has superado...

Era la voz del negro, se sintió cansado de repente.

─ Oye Baltasar, no sé qué crees que ha pasado, pero ahora no puedo hablar, estoy...

═ Borracho como una cuba. Y encima seguro que no recuerdas que hiciste anoche.


─ Salí, como cada año a repartir regalos... Es lo que hago cada año...

═ Sí, como cada año saliste a repartir regalos y como cada año te llevaste un par de botellas para el camino, y como cada año te bebiste todas las putas copas de coñac que te dejaron y ¡COMO TODOS LOS PUTOS AÑOS ACABASTE HACIENDO EL RIDÍCULO! Pero es que encima este año has cruzado todas las putas rayas, te has pasado y te han pillado. Y ¿sabes qué? Este año no daremos la cara por ti. Estás solo.

─ ¿De qué me estás hablando? Oye, mira, ahora no puedo hablar... - Pero mientras decía estas palabras reparó en unas manchas marronosas sobre sus pantalones rojos, secas... La bruma de la noche anterior seguía allí pero ahora era patente que algo se escondía en su interior. Solo que no sabía qué.

─ Oye Balti... No recuerdo nada... No sé qué pasó ayer... Pe-pero seguro que se puede hacer algo, por los viejos tiempos...

═ Los viejos tiempos han pasado hace ya mucho. Los medios se han cansado de callar, no nos respeta nadie y no hay manera de taparlo. Esto ya no es como antes, que con dos llamadas de Melchor quedaba todo olvidado, no. Estamos ya en otro tiempo y no podemos seguir como si nunca nos fuera a pasar nada. Encima lo de hoy... Has cruzado todos los límites de la tolerancia, se te ha ido la cabeza completamente. Esto no tiene perdón.

─ No sé qué he hecho... Dime qué es lo que crees que he hecho, por favor... - Echó mano al bolsillo del pantalón en busca del pañuelo para secar el sudor que, pese a ser la tarde de un frío día de diciembre ya le perlaba la frente. Lo que sacó le heló la sangre: braguitas. Blancas braguitas de niña pequeña, muy pequeña. Pero también calzoncillos pequeños. Las prendas estaban manchadas, unas de sangre, otras de vómito, todas de hollín... Palideció.

─ Oye, Baltasar, no sé qué he hecho pero buscaré ayuda. Dile a Gaspar que lo arreglaré, que es la última vez, lo prometo... No os volveré a decepcionar, Es una mala racha, ya sabes, niños contestones, cada vez creen menos en nosotros... Es mucha presión y no he sabido llevarlo... Oye, Baltasar, pillo el aviso, ¿vale? Es la última, lo juro...

═ Demasiadas veces la última vez, demasiadas promesas incumplidas. Demasiados años tapando tus miserias. Estamos hartos ¿entiendes? Hartos de tus mentiras, de ti demasiado borracho como para hacer bien tu trabajo. Esto no es un aviso, estás fuera, caput, olvidado, el año que viene no volverás.

Pese al martilleo de fondo la cabeza se le había aclarado de repente. Estás fuera, eso sólo podía significar una cosa: Gaspar venía. La llamada no era de aviso, era para mantenerlo ocupado antes de que huyera. Pero, ¿de qué iba a huir si ni siquiera recordaba que hubiera hecho nada? Sangre, vómito, ropa interior infantil... era una mezcla explosiva, pero ya había pasado otras veces, la soledad le llevaba a rebuscar en cajones, llevarse recuerdos, fetiches de algo que nunca sería... Menos una vez, Pavel, pero fue una vez... o al menos eso se repetía a sí mismo. ¿Por qué no podía recordarlo? ¿Por qué este año era tan tajante Baltasar? ¿Por qué Melchor no era el que le llamaba?, era el más conciliador, el comprensivo...

─ Mira, oye, no sé qué ha pasado, de verdad. Dile a Gaspar que no venga, yo mismo me quito de en medio... Me voy ahora mismo a Laponia, unos días fuera, lejos del mundo para pasar el mono y luego me desintoxico... Seguro que no es tan grave...

═ Estás en todas las cadenas de televisión. La policía te busca, nadie puede mirar hacia otro lado. - Su voz parecía cansada, con un tono casi paternal. - Mira Joulu, no me gusta esto, me jode tanto como a ti, pero no podemos hacer otra cosa. Vas camino de cargarte todo el chiringuito. No tienes cuidado y por tu culpa caeremos todos. No eres bueno para el negocio. Han sido unos buenos años compartiendo curro, pero se ha terminado, estás acabado para nosotros y para el mundo.

─ ¿Cómo que estoy acabado maldito negro hijo de puta? ¡Yo os hice a vosotros! ¿Yo empecé el puto negocio! ¡Yo soy el que manda aquí y decide quién está fuera! ¿Tú estás fuera puto maricón de mierda! ¡Tú y los putos muerdealmohadas que van contigo! ¿No acabaréis conmigo! ¡YO SOY LA PUTA NAVIDAD!

El martilleo de su cabeza ahora era como un martillo neumático a pleno rendimiento. Tenía los ojos fuera de órbita y apretaba con tanta fuerza el teléfono que en cualquier momento lo oiría crujir entre sus dedos... Jadeaba, Baltasar no contestó, el cerebro trataba de encontrar una solución, una vía de escape...

┼ Hola Joulupucki. Creo que ya sabes a lo que he venido.

Era el mediano, Gaspar había entrado mientras le gritaba al teléfono. El corazón le iba a estallar y sentía una fuerte presión en el pecho, los ojos le lloraban y no se atrevía a moverse. Quizá si no giraba el otro desaparecería... Ni siquiera notó el movimiento por debajo de su poblada barba, había sido un golpe de muñeca, visto y no visto. La camiseta interior comenzó a teñirse de rojo.

sábado, 6 de enero de 2018

Los otros, los tres socios


─ ¿Ya has llegado? ─ al abrir la puerta puso cara de sorpresa resignada.
─ Hace un par de horas. Poca faena, ya lo sabes. ─ Dejó los papeles sobre la mesa y se acomodó en la silla ─ Por lo que veo tampoco tú estás muy boyante.
─ Cada año menos... Al menos a nuestro colega le siguen llegando peticiones.
─ No te hagas ilusiones, al ser negro parece que cae mejor. Hay gente a la que le sigue pareciendo exótico, pero ha llamado hace diez minutos, está de camino, también ha terminado pronto.
─ ¡No me jodas! ─ y se dejó caer pesadamente en el raído sofá que había en el despacho.

Hacía tiempo que el negocio de los tres socios iba cada vez peor. Los pedidos eran cada año menos, muchos preferían la competencia. No es que trabajara mejor que ellos, era, simplemente que su plazo de entrega era un poco antes y eso le favorecía al coincidir con las vacaciones de todos los críos. Tampoco ayudaba que su imagen de cercanía y bonachonería le hubiera facilitado la aparición en no pocos anuncios, programas de televisión e historietas al alcance de millones de personas. Quizá un poco la culpa era de ellos, su área de influencia era pequeña y parecía menguar cada año un poco más.

─ ¿Qué estás pensando? ─ Mientras se revolvía en la butaca no dejaba de mirar a su compañero recién llegado.
─ Esto va mal, necesitamos cambios.
─ ¿Como qué? Ya no nos llaman como antes para aparecer en televisión y encima nos meten en la ponzoña que sale de las cabalgatas cada año... Te digo una cosa, muchas moderneces y toda esa mierda, pero nos perjudica más que nos beneficia... Los modernillos pasan de nosotros y prefieren al gordo cabrón.
─ Lo sé, el puñetero gordo nos está comiendo la tostada... aún recuerdo cuando vino, muy modosito, a que le dejáramos participar en nuestro territorio. Un detallito nada más, como avance para vosotros... ─ puso cara de asco.─ Deberíamos ampliar, hacer lo mismo que él, buscar unas marcas potentes que nos impulsen donde aún no trabajamos, limpiar la imagen, pillar a un par de famosetes para que nos representen...
─No te jode... ¿Y presentar el especial de nochevieja y cantar un rap no te valen? Empiezo a estar viejo. Viejo y amargado y estoy considerando seriamente cerrar el chiringuito, retirarme a una playa soleada y pasar las navidades con las palmeras...
─ ¡No os lo vais a creer! ─ el tercer socio entró de golpe en el pequeño despacho.─ Vais a flipar con lo que ha hecho el gordo cabrón.

Dejó la capa que lo envolvía sobre un butacón que había en un rincón de la habitación y se dirigió a la pequeña fuente de agua. Cuando echó el primer trago se lo pensó mejor y se dirigió al mueble bar, allí se sirvió un whisky, no muy corto que se ventiló de un trago. Los otros dos lo miraban estupefactos. No sabían qué debía ocurrir, pero viendo a su colega no podía ser nada bueno.

─Me he cruzado con Tanvi hace un momento, la de la sección de electrónicos... ¡la chiquilla que pone las pilas a los cacharros! ─ Baltasar era el único que conocía a todos los trabajadores por el nombre. No es que los tratara mejor o peor que los otros, pero a algunos, sobre todo a los más pequeños, parecía que les hacía ilusión y trabajaban mejor.─ Iba llorando, parece ser que tenía un amigo, uno de la fábrica del lapón... Yastin, Yatan, Yaitin o algo así se llamaba. Bueno pues resulta que hace días que no lo ve, ella cree que es porque aquí hace horas extra y él lleva otro horario en la fábrica y no coinciden, pero hoy ha ido a su casa y se ha encontrado a los padres llorando y a la familia de luto ─ se sirvió otro trago mientras sus dos socios se miraban sin entender nada. Los accidentes eran habituales en esa parte del mundo, también los de los chiquillos y ellos no podían hacer nada. Aunque hubieran querido cambiarlo el sistema era así, unos estaban arriba y otros abajo.

─ Anda abrevia que quiero ir al pueblo a desahogarme de la mierda de noche que hemos tenido...
─ A eso iba... resulta que el crío no había tenido ningún accidente. Resulta que al pobre desgraciado se le ocurrió coger una puta peonza con lucecitas del taller y dejar la caja vacía en su lugar. El puto gordo la fue a dejar en una casa y al notar que no pesaba nada la abrió allí mismo. Del grito que pegó se despertó medio vecindario y casi lo pilla la familia. ─ Melchor y Gaspar se miraron esperando lo peor ─ Terminó deprisa y volvió...
─ ¿Se... se... se lo cargó?
─ A hostias por lo visto, cuando llegaron los padres el crío era un amasijo de carne y sangre pero lo peor no es eso... ─ el trago ahora era un vaso entero ─ lo peor es que cuando llegaron el puto Joulupukki tenía los pantalones en los tobillos y se estaba follando al pobre crío...

Los otros dos palidecieron. No podían creérselo, por muy cabrón que fuera Joulupukki no era capaz de eso. ¿Un par de hostias? Claro, al fin y al cabo era él el que se la jugaba. ¿Matarlo? ¿Necrofilia? Incluso para un pederasta redomado como él era demasiado... No, no se lo podían creer...

─ ¿Como estás seguro que es cierto lo que te ha dicho la cría?
─ He bajado al pueblo. Y he hablado con los padres. La familia está hundida, los hermanos deben seguir yendo a trabajar a su taller y la madre aún lleva en la cara las marcas que le dejó mientras la violaba.
─ ¡¿Y el padre?!
─ El padre debe vivir con la culpa de haberlo visto todo y haberse quedado quieto sin hacer nada.
─ Puto psicópata... tiene a todo el pueblo acojonado...

Melchor estaba desecho, con la cabeza entre las manos no podía parar de negar con la mirada fija en la mesa. Gaspar lloraba, se había levantado y miraba por la ventana, apretaba los puños de rabia mientras, entre lágrimas se veía a sí mismo, milenios atrás llevando obsequios, detalles con la ilusión de hacer felices a niños que no tenían nada... se volvió y vio a Melchor como si hubiera envejecido cientos de años en unos minutos... a Baltasar sudando y bebiendo pero como si se hubiera liberado de un peso enorme al hablar pero ahora fuera consciente de lo que había dicho... Los vio en el día que se conocieron, en el primer viaje, en tantas y tantas casas, riendo, soñando... Y supo lo que tenía que hacer.

─ Tenemos que matarlo. ─ Lo miraron como sin entender, como si lo hubiera dicho en otro idioma que no conocieran.─ No hay otra solución, esto se le ha ido de las manos, es un peligro para nosotros y debemos recuperar nuestra parte de negocio... Hay que matarlo. Hay que matar a Papá Noel.

Los tres socios

lunes, 25 de diciembre de 2017

La otra navidad

Yatin y sus hermanos
Era navidad, o eso creía Yatin. No tenía muy claro qué tipo de fiesta era o dónde se celebraba, sólo sabía que debía ser aquel día porque era el primero en seis meses en el que no debía ir a trabajar. El tipo gordo que era su jefe no aparecería hoy por la fábrica. No sabía dónde iba ni qué hacía pero Yatin había decidido que cuando despertara se iría a pasear. ¡Ya tenía nueve años, no era un niño pequeño y no necesitaba descansar! De todas formas si descansaba sabía que al día siguiente, al volver a la fábrica, los huesos le dolerían más. Al menos desde el día siguiente trabajaría cuatro horas menos, sólo estaría diez. O al menos eso creía, nunca había llegado a aprender a leer el reloj correctamente.


La que sí sabía leerlo era Tanvi. Tanvi era dos años mayor que él y era su mejor amiga. Cuando no trabajaban se iban al río a pasear o subían a la montaña a buscar bayas. Ahora no era tiempo de bayas, pero daba igual, tampoco estaba Tanvi. Ella trabajaba en la otra fábrica, la de los tres socios. Estos aún trabajarían dos semanas más, terminaban más tarde, Yatin no sabía por qué.


El caso es que Tanvi trabajaba y Yatin tenía todo el día para él. Quizá iría a jugar con los niños Yadab, Ellos no trabajaban aunque ya tenían edad para ello, el pequeño había cumplido ya seis años, como su padre era rico (decían que había trabajado en el cine) quería que los niños fueran a la escuela. Yatin no sabía por qué necesitaban ir a la escuela tanto tiempo, quizá eran un poco tontos o quizá es que eran vagos que no querían trabajar y ayudar a sus padres a pagar las facturas. Yatin llevaba cuatro años trabajando, primero para ese zapatero que le pegaba cuando se emborrachaba y luego para el pastelero. El pastelero no bebía pero también le pegaba si creía que Yatin había metido el dedo en la nata para comer algo.Él nunca lo había hecho, pero el pastelero decía que si no lo había hecho le pegaba igual por las veces que lo hiciera y no le pillara y así no se le ocurriría tomarle el pelo. Luego llegó la empresa del tipo gordo. Era extranjero y tenía una forma muy rara de reírse. Le tocó el pelo y le dijo que él era especialista en dar felicidad a los niños, Yatin no supo qué pensar. ¿Iba a ser feliz trabajando? No estaba muy seguro pero pagaba un poco mejor que el pastelero.


Yatin empezó a trabajar en la fábrica pese a no saber qué fabricaban allí, se ocupaba de repartir las raciones de comida. Su amigo Vaibbhav decía que juguetes, pero eran unos juguetes muy extraños: tenían luces y sonidos, y una pantalla que era como un televisor pequeño donde unos muñecos se movían. Yatin sabía lo que era un televisor porque el pastelero tenía uno en la tienda, era como un cuadro en el que sale gente haciendo cosas y hablando pero que no está allí. es como si mirara por una ventana. Luego entró en otros barracones y vio escopetas ¡eso no eran juguetes! pero las escopetas eran de plástico y de muchos colores chillones... No parecían muy resistentes y llevaban balas de espuma blandita... Allí conoció a Tanvi, antes de que se fuera a trabajar con los otros extranjeros, en la otra fábrica. Allí también hacían juguetes. O eso le había dicho Tanvi, pero no terminaba de creérselo porque una vez le trajo un dibujo, eran unos muñecos jugando con una cosa que Tanvi llamó bloques de construcciones que era para niños a partir de tres años. No entendía el juguete, no entendía que ningún juguete fuera tan complicado y no creía que nadie se divirtiera con ello. Él con tres años jugaba con la pelota que compartía con sus hermanos. Tenían una pelota y un tren de madera para los cinco, por eso tampoco entendía el porqué de fabricar tantos juguetes. ¿Cuantos niños había en el mundo que no tuvieran edad de trabajar?


Se lo tuvo que creer cuando vio que los hijos de Yadav tenían en las manos una de esas cosas con pantalla. No le dejaron tocarla. Vaibbhav dijo que se llamaba consola y que era para niños a partir de los siete años. Eso sí era una locura. Todo el mundo sabe que a los siete años ya eres un hombrecito y que no juega más.


Hacía cosa de un año el tipo gordo lo llamó a su despacho y le preguntó si quería ganar más dinero, Yatin dijo que sí y se preguntó si aquello era lo que el gordo decía que hacía para repartir felicidad. Pero a él no le gustó, el gordo le dijo que se lo tenía que ganar y se desabrochó los pantalones. Yatin no sabía qué debía hacer, pero Ganesh, el ayudante del gordo le dio un empujón y lo mandó directo a... a Yatin no le gusta recordarlo. Desde aquella vez a tenido que ir cuatro veces más a "ganarse el puesto", pero ahora trabaja sentado, mete los juguetes en cajas y los envuelve con papeles de colores, luego los deja en una cinta que va al almacén y no sabe qué pasa con ellos.


Cuando Yatin se despierta llueve, llueve mucho y no puede salir a pasear. Entonces recuerda que tiene una cosa. No pudo resistirse. Llegó a su mesa un objeto de plástico, era como una peonza pero con luces y colores. Cuando era pequeño, su primo Ambaji tenía una de madera. Le había dejado lanzarla un par de veces. Era muy complicado. Como estaba solo en casa decidió probar. No le salió bien a la primera, tuvo que lanzar un par de veces más hasta que la peonza empezó a aguantarse de pie y rodar, pero el suelo era tan irregular que en seguida se caía... Al final se decidió por intentarlo sobre la mesa en la que comía con sus padres. Hizo un lanzamiento perfecto y la peonza giró y giró hasta que empezó a destellar en amarillo, verde y azul mientras una extraña música surgía del interior. La miró extasiado durante un par de minutos hasta que llamaron a la puerta.


─ O sea que has sido tú pequeño hijo de puta... Te vas a enterar de lo que es robarle a un lapón maldito indio de mierda...


Era el tipo gordo, enfundado en una especie de uniforme rojo con un sombrero extravagante terminado en una bola. Yatin retrocedió lentamente, mientras el tipo avanzaba con la mandíbula desencajada y los ojos inyectados en sangre reflejando los colores de la peonza, amarillo-verde-azul. amarillo-verde-azul... Avanzaba arrastrando las botas, con una mano se desabrochaba el cinturón, con la otra aguantaba una botella de la que iba bebiendo de vez en cuando.


Yatin aterrorizado no gritó. Sabía que no valía la pena. Aunque hubiera mucha gente en las casas cercanas nadie oiría nada. Nadie oía ni veía nunca nada en su pueblo.

viernes, 6 de enero de 2017

Mundo en venta

El caballero del traje está en la mesa de su gran despacho leyendo un informe muy concentrado cuando su secretaria abre la puerta.

- Ya han llegado.

- Ah, bien, gracias, hazles pasar. - Entran tres caballeros entrados en años y con ropajes de colores brillantes de estilo de lujo de oriente medio.- ¡Caballeros!, pasen, pasen, están en su casa. ¿Algo de beber? Deben relajarse y disfrutar, dentro de unos días tendrán tanto trabajo que no podrán ni abrocharse las babuchas -ríe-. Espero que lo encuentren todo de su gusto, hemos preparado todo para que la noche sea un éxito total.

- Sí, de eso queríamos hablarle -habla el que aparentaba más edad ya que tiene el pelo y la barba completamente canos-. Precisamente venimos de abajo, de ver los trajes que nos han asignado y...

- Oiga mire -el semblante sigue sonriente, pero la voz es más firme, no admite réplica y quiere que se note- sé que es un gran cambio, que es duro para ustedes pero tenga en cuenta la situación actual, la situación de ustedes... Hay que hacer concesiones pero es siempre por el bien del servicio. Además los trajes han sido diseñados por grandes estilistas siguiendo los cánones actuales de la moda para que sean más cercanos al público objetivo.

- Sí, sí, si le entiendo, y no dudamos de la calidad del diseño o de las telas... pero es que la gente nos reconoce por nuestra vestimenta actual. Recuerde el año pasado al intentar innovar... la buena fe chocó con la realidad y se desvirtuó el día.

- Y la publicidad, recuerda la publicidad -ahora había hablado el que parecía más joven, quizá por no tener barba y ser de color-. ¡Nos han puesto publicidad!

- Miren caballeros -conciliador-, entiendo que no quieran que nada cambie, que todo siga como en los últimos dos mil años pero les recuerdo que estaban en bancarrota, que "su magia" ya no era rentable, que tuvo que venir esta empresa a salvarles el culo y a protegerles del gordo navideño que sí les ha quitado el puesto. La publicidad es como hoy en día podemos dar servicio, los patrocinadores se encargan de aportar la rentabilidad necesaria del negocio...

- Pero es que es publicidad de apuestas... tabaco... ¡Y nosotros trabajamos para los niños! ¡Para mantener la ilusión!

- Mira Melchor, guapo... La publicidad no la elige el que hace de anuncio si no el que se ofrece a poner la pasta sobre la mesa. Vuestros soportes aún no están regulados por lo que nos vamos a permitir sacar el máximo rendimiento y a exprimir todo el espacio. ¿No te gusta? Te jodes. Te jodes tú, se jode Gaspar y se jode Baltasar y si no haber espabilado antes. Lleváis toda la puta vida haciendo sólo esto y no habéis sabido, sois unos jodidos magos y no podéis manteneros a flote. Pues bien, hemos venido y OS HEMOS COMPRADO, HEMOS COMPRADO A LOS PUTOS REYES MAGOS, ¿entiendes? Y no ha sido por amor al arte, ha sido para hacer negocio, ganar pasta, eso que vosotros no habéis sabido hacer. Vamos a rentabilizaros y si no puerta, gente como vosotros los tengo a patadas, no es tan difícil repartir paquetitos un sólo día al año ¡joder! Si os digo que hay que llevar publicidad para vosotros como si es del puti-club de la esquina o de alargadores de polla, os ponéis las putas túnicas y subís a las jodidas carrozas. ¡Ah! y ya os podéis olvidar de los putos camellos, en las jorobas no caben anuncios...

- Vamos a tranquilizarnos todos -Melchor intenta mediar y calmar los ánimos-. No vayamos a decir algo que luego lamentemos. Sólo le pedimos que tenga en cuenta que nos verán niños y que el ejemplo que les damos es importante, de ahí que hay que cuidar con los anuncios...

- Los anuncios se quedan y pobre del que intente taparlos.

- De acuerdo, este año lo hecho, hecho está... Otra cosa... en el almacén de juguetes... parece que faltan cosas y los listados no parecen correctos... Hay casas con listas muy largas y otras sin apenas nada...

- Los listados se han hecho con criterio de comportamiento. Supongo que no es nuevo para vosotros.

- Bien sí, pero la tolerancia siempre ha sido alta... No concebimos una casa sin regalos... el tenerlos suele ser mot...

- Pues ya no, la empresa pone los criterios ahora y se premia a los hijos de los inversores primero, a quien cumple con las expectativas de consumo de nuestras filiales y a quien no nos perjudica por ése orden. Los hijos de los sindicalistas, perroflautas y demás protestantes reciben un correctivo para que no se parezcan a sus padres.

- Pero...

- Ni pero ni hostias. Es la política de la empresa, quien paga recibe y nuestros amigos son los que nos hacen ganar dinero. Ahora esto es la empresa privada no la beneficencia, quien quiera juguetes gratis que aporte. Y ahora si me disculpan...

Los tres reyes se miran compungidos, están aterrados no saben como salir de esta situación y se van con la cabeza baja. El hombre del traje sigue unos segundos con el informe y luego descuelga el teléfono y llama:

 - Por favor llama a la ETT de siempre, pide tres hombres... mayores, a poder ser uno de ellos negro o árabe... para mañana. Tenemos que estar preparados por si estos nos joden.
Los tres reyes

domingo, 25 de diciembre de 2016

La chimenea (un cuento de navidad)

Aquel había sido un mal año para la familia Peacock, uno de aquellos de los que te alegras de que terminen.

Al señor Peacock le habían despedido. La mina ya no era tan rentable como antes y el dichoso gas canalizado había desplazado al carbón como sistema principal de calefacción. De nada sirvieron los sacrificios, los años dedicados y los litros de aire envenenado que habían teñido de negro sus pulmones hasta el punto que una carrera, unas escaleras o una habitación con demasiada gente se transformaban en un dolor lacerante, como si cien canarios, como los de la mina, estuvieran picando sin cesar sus pulmones por dentro. Ahora pasaba las horas muertas en el único bar del pueblo, detrás de un vaso de vino y unas cartas que si bien no solucionaban nada por un tiempo ahogaban los recuerdos de tiempos mucho más placenteros.

La señora Peacock seguía trabajando pero a penas si servía. En la fábrica de detergentes habían apretado un poco más, "el sueldo no se puede subir" decían, y ya era paupérrimo de por sí. Pero las horas extras estaban a la orden del día, no así su retribución que había meses que iba con retraso y meses en los que había que esperar al mes que, afortunadamente, sólo hubiera retraso. Vio cambiar al dueño tres veces de coche aquel fatídico año, pero nunca hubo dinero para cambiar el sistema de ventilación de la planta de producción, ni siquiera para poder comprar mascarillas que protegieran al personal de aquellos polvos limpiadores que se resistían a ser empaquetados y que volaban libres por el aire. Volaban hasta que las fosas nasales de algún incauto los succionaban y éste sentía como se iban posando en sus pulmones, aquellos que a veces silbaban cuando la inspiración era demasiado profunda.

El chico Peacock tuvo lo que se dice mala suerte, no vieron a tiempo una gran humedad que filtró al lado de su cama y que por las noches le impelía a respirar una cierta caterva de hongos que le desarrollaron no pocas afecciones. Incluida una pulmonía aquel día que la ventana de su habitación se negó a cerrar bien, henchida por la humedad exacerbada por tres días de tormentas. Toda la noche llovió, toda la noche estuvo con los pies de la cama a merced de lluvia y viento, demasiado débil como para pedir ayuda.

Aquel año era estrecho y gris. Aquel año los ahorros se fueron, paradójicamente, en carbón para la vieja chimenea, "el niño no puede pasar frío", era el mantra y excusa sí, pero el matrimonio, en secreto, agradecía el calor desprendido por aquellas piedras negras al arder delante de sus ojos. Pero tanto arder no resultaba gratis para la cañería que debía airear y sacar el humo de la casa y un deshollinador no era una opción, los pocos que quedaban no cobraban poco. El señor Peacock intentó limpiar por sí mismo, pero el frío y las herramientas inadecuadas frustraron su misión y tuvieron que resignarse a que las paredes se fueran tiznando, a toser un poco más y ventilar de vez en cuando el salón para que el humo no terminara con unos pulmones al borde del colapso.
carbón

Pero llegaba navidad, y en secreto la ilusión hacía mella en los tres Peacock, debía ser una tregua, un punto de inflexión a ese año de desilusiones y sinsabores. La mañana de navidad tenía que congraciarles con los fados y darles ese empujoncito para llegar al siguiente año con vigor y un poco de esperanza. Pero llegó el tan esperado día y no pasó nada. Se habían levantado con el sol esperando ver esos paquetes que el viejo gordinflón vestido de rojo siempre les dejaba a los pies del árbol, del viejo sillón o en el rincón menos esperado pero siempre a la vista. No había nada.

El salón estaba vacío de todo aquello que no hubiera estado la víspera, incluso el vaso de leche, la copa de coñac y las galletas estaban tal y como lo dejaron en acostarse. No había venido. El viejo gordo cabrón les había evitado, no había querido estar en su casa, los había despreciado como tanta gente en el pueblo. No hay nada como ser un pobre desgraciado, es la única situación en la que el mundo es coherente, todos te tratan igual, la suerte te esquiva y la salud te falta. Sin ánimos ya ni para el exiguo desayuno encendieron la chimenea secando una lágrima furtiva, el chiquillo tiritaba, quizá también de frío. Aquel día incluso la chimenea se alió en su contra, nunca había estado tan atascada, pero apagar el fuego no era opción, debían mantenerlo encendido pese a las brasas en el pecho de los tres Peacock, el frío les hacía ignorar el dolor de los seis pulmones y mantener el fuego pese al humo, pese a ése sabor salado en el fondo de la garganta, pese a ese sopor seductor que la falta de oxígeno los anclaba en sus asientos.

Nunca despertaron. Nunca oyeron el grito de desesperación que se alzó de otras casas en las que el viejo tampoco hizo acto de presencia. Tampoco supieron de cuando el juez levantó sus cuerpos y ordenó ventilar la casa. Tampoco estuvieron cuando, un tiempo después los nuevos inquilinos hicieron desatascar la chimenea rescatando, no sin horror, el cuerpo de un otrora orondo hombre vestido de rojo que había muerto atorado en la chimenea, atrapado por el exceso de hollín.

miércoles, 23 de septiembre de 2015

Local del diablo v2.



Basado en una idea original de Adrián Gómez.

Diablo

El protagonista se encuentra tumbado en la carretera mirando al cielo con la camiseta rota. Hay cristales por el suelo. El plano gira lentamente. Se muestra el cielo con las nubes pasando muy rápido. La cámara baja mirando al horizonte y el cuerpo entra en plano de lado, está tumbado delante de un coche, pero empieza a alejarse por la carretera a ras de suelo mientras funde a negro a la vez que el protagonista dice lo siguiente:

ÉL (Voz en off)
-        Hay un momento en la vida en el que te das cuenta de que no estás viviendo. Se supone que haces lo que quieres, crees que eres el puto amo y en realidad sólo eres una marioneta en manos del tiempo. No quieres creerlo pero día tras día ves pasar la vida sin llegar a disfrutarla. Ves como los demás se divierten, trabajan, lloran y se recuperan. Los ves reír, gritar y amarse. Los ves cuidando unos de otros formando familias felices y echando de menos a sus seres queridos; te das cuenta entonces que tu vida no tiene sentido y quieres formar parte de todo lo que ves. Es cuando lo echas todo por la borda y te enfrentas a todos y a todo por ser como ellos. Y son tus propios hijos, tu familia, los que pretenden que nada cambie, que sigas igual, y tratan de impedirlo. Son ellos los que pretenden dejarte en la barrera, apartado. Son los que se revueltan, se van y te repudian. Son tus hijos pero no te comprenden. Y entonces no te queda más remedio que irte, irte y vagar, buscar lo que no tienes y poder ser tú mismo, o ser el panadero, el del videoclub o aquel tío del bar de la esquina porque seguro que tienen vidas más interesantes que la tuya.

LOCAL

Se ve un bar viejo en medio de una calle transitada. Hay mucho sol, la imagen está sobre-saturada, quemada, no se oye nada más que el zumbido de la estática. Él entra y un guardaespaldas con gafas de sol le sale al paso. Dentro la luz y el sonido ambiente son normales. Hay varias mesas, todas vacías menos dos. En una hay un grupo de tipos con aspecto desaliñado jugando a cartas, una chica se encuentra sentada muy cerca de uno de ellos, de espaldas a la mesa y lo abraza con un sólo brazo alrededor del cuello mientras le mira con poco interés y besa distraídamente a su compañero, los demás lo ignoran. En la mesa del fondo está el DIABLO, de espaldas, parece ojear un periódico, en la barra un camarero sin afeitar y con camisa hawaiana abierta sobre camiseta imperio mira la televisión sin hacerle caso y una camarera con minifalda está sentada en un taburete y lo mira con desdén mientras masca chicle y hace globos.

DIABLO
-        Déjalo pasar. - a ÉL - Tranquilo, no te hará nada, siéntate aquí conmigo.

Él se acerca, la cámara lo sigue hasta llegar a la mesa. Cambia el plano, se ve al DIABLO de frente, está leyendo «La Gaceta de los Negocios» o un periódico similar.

DIABLO
-        No te puedes ni imaginar lo que cuesta hoy en día manipular el mundo, -sin dejar de leer- Antes bastaba con aparecerte un par de veces, sacrificar una cabra y ya estaba, ahora todo se reduce al dinero. Mercados, divisas, inversiones... Bien, que es lo que te trae por estos... -levanta la vista mientras cierra y dobla el periódico- ¡Tú! -cara de sorpresa- ¡Nunca pensé que vendrías aquí!

ÉL
-        Realmente pareces sorprendido...

DIABLO
-        Más bien intrigado, no esperaba tu visita. No alcanzo a ver por qué te has dignado a hacernos una visita.

ÉL
-        Quiero que me hagas volver.

DIABLO (Sorprendido)
-        ¿Tú necesitas mi ayuda? Es la primera vez que me pides algo así...

ÉL
-        Nunca antes había merecido ir al infierno. -lo mira divertido-.

Hace un gesto con la cabeza a la camarera que se acerca a la mesa.

DIABLO
-        ¿Puedo ofrecerte algo para beber? ¿Whisky, bourbon, jerez? ¿Algo más fuerte? Creo que te has aficionado a los placeres de la bebida...

ÉL
-        Un vaso de agua estará bien -sonriendo a la camarera- por hoy ya he castigado bastante el cuerpo.-se ríe.-

CAMARERA
-        Vaya, tú sí que sabes divertirte...

DIABLO (Sin gritar pero con voz amenazante y mirando hacia la camarera pero sin mirarle a la cara)
-        ¡No se te ocurra volverle a hablar así! ¡Y trae la botella de mi reservado!

ÉL (Sonríe a la camarera que lo mira con desdén y se dirige al DIABLO)
-         ¿Y bien? ¿podrías hacerme este favor?

DIABLO
-        Déjame ver si lo he entendido bien... Después de todo lo pasado quieres que ahora te resucite. Que sea un buen chico y olvide todas tus humillaciones y te haga el gran favor de devolverte a esa vida de mono que has elegido para tu vergüenza y nuestra desgracia.

ÉL
-        Sí, a grandes rasgos eso es lo que quiero, pero parece que después de tanto tiempo aún no has entendido nada. No te culpo, está en tu naturaleza ser así.

DIABLO (Desafiante)
-        Si esa es mi naturaleza ¿a quién crees que deberíamos preguntar para saber por qué soy así?

Aparece la camarera con dos vasos y una botella de whisky.

DIABLO
-        Si, tal y cómo lo he entendido ahora te dedicas a los placeres terrenales, esto te sabrá a gloria -Mientras habla la camarera sirve los vasos y vierte el contenido de la botella en ellos. Primero al DIABLO y luego a ÉL, mientras sirve le éste convierte el whisky en agua. Al verlo la camarera se asusta y derrama el agua sobre Él-.

ÉL
-         ¡Eeh!, no te preocupes -divertido- esto se limpia sólo...

DIABLO
-        ¡Pero qué haces puta estúpida! ¡Recoge eso y lárgate ya!

ÉL
-        Tranquilo, no te enfades con ella. -Sonríe a la camarera mientras la mira- Al fin y al cabo no siempre tiene uno la suerte de encontrarse con el creador de todo el universo, incluida ella. -Le coge la mano y se la besa mientras ella lo mira asustada.

El plano nos muestra la mesa donde se jugaba a cartas en la que todos los jugadores han parado y miran hacia la otra mesa, el silencio es total. Luego cambia al camarero mirando sorprendido a la mesa, empezando a retroceder para salir de detrás de la barra por el extremo opuesto al de la mesa del DIABLO. Otro plano nos muestra a la camarera que corre a esconderse junto a los guardaespaldas que se miran sin saber qué hacer. Vuelve a cambiar a la mesa de juego, la chica, sin dejar de mirarle fijamente intenta agarrarse a su acompañante para abrazarlo, pero éste se pone de pie arrastrando la silla, otros se han puesto de pie tirando las sillas y con ademán de salir corriendo.

DIABLO (Gritando y sin apartar la vista de ÉL)
-        ¡Que no se mueva nadie! Volved a sentaros, nunca volveréis a tener la oportunidad de conocer a vuestro creador y de oír sus razones para abandonar a sus hijos Luminosos para perseguir un estúpido sueño mortal.

Se sientan todos en silencio mirando a la mesa y empiezan a jugar de nuevo, nerviosos y mirando de reojo a la mesa del DIABLO y de ÉL. El camarero coge otro vaso y empieza a secarlo mirando a la mesa.

ÉL
-        Después de tanto tiempo sigues sin entender... Tratas a diario con ellos y no eres capaz aún de entender su belleza,... su libertad...

DIABLO (Saboreando y mirando el vaso de agua)
-        Quizá sea porque aquí no me llega precisamente lo mejor de cada casa.

ÉL
-        Tú los viste en su creación, cómo cantaban, bailaban, se cuidaban entre ellos... No abandonaban a sus enfermos, y ¡todo porque querían! No fueron creados para ello, sino para decidir por ellos mismos si alabar o no, ayudar o no. Si debían ser generosos o altruistas dependía de ellos.

DIABLO
-        Hasta que empezaron a matarse entre ellos con quijadas de asno. Empezaron a robar, a conspirar. -Va subiendo el volumen de la voz y la intensidad- Lujuria, gula, avaricia... Hasta empezaron a dudar de tu existencia y a blasfemar contra ti. Se creyeron los reyes de la creación, los elegidos.

ÉL
-        ¿Acaso no lo eran? ¿No lo son? No lo entiendes ahora, ni lo entendiste entonces, por eso te rebelaste. Fuiste fiel a tu naturaleza y me combatiste. Peleaste con tus hermanos. -Pareciendo cansado- ¿Por qué sigues sin entender mis motivos?

DIABLO
-        Porque tú eres la luz, porque yo soy de luz, porque me creaste para alabarte y adorarte, porque en mi naturaleza está el servirte y no puedo entender que unos simples mortales, que son sólo cuerpos con un ínfimo atisbo de alma, casi sin espíritu, puedan ser más importantes. Porque desequilibraron la existencia trayendo el mal a los universos.

ÉL
-        Precisamente ésa es su virtud. Desde el principio de los tiempos hice lo que debía, creé el cielo y la luz. Os creé a vosotros, no me di opción, y os creé como aquel padre ingrato que sólo desea la gloria a ojos de sus hijos. Perdóname por crearte tan perfecto que te creas en la obligación de desafiarme. Pero debes ver la belleza en la humanidad.

DIABLO
-        ¿Belleza?, ¿dónde ves la belleza en esos monos?

ÉL
-        En que no se limitan sólo a adorarme, crean obras de arte, crean cosas bellas, cosas útiles y únicas de la nada, quizá en eso sí sean a mi imagen y semejanza... Pero no sólo es eso, son libres. Eligen lo que hacen en cada momento. ¿Te imaginas? ¿Poder elegir si adorarme o no? ¿Poder elegir a qué dedicarte, a quién amar, con quién soñar...? Deciden entre el cielo y el infierno...

DIABLO (Mirando a la mesa)
-        Yo soy libre. Y elegí amarte y servirte en tu gloria... -levanta la vista- Igual que luego elegí la revuelta y luchar contra mis hermanos. Elegí mi perdición porque elegí no hacerte caso.

ÉL
-       Pero porque siempre fue ésa tu naturaleza. Incluso ahora que me combates me sigues sirviendo y haces que, por temor a ti, mis fieles no me abandonen. Sigues fiel a mis inicios. No seas tan duro contigo mismo.

DIABLO
-        No te equivoques, reino en el Infierno igual que tú lo haces... o lo hacías en el cielo. Aparto a la gente de tu camino y luego la castigo por ello hasta que decidas terminar con éste universo. Soy libre, igual que lo has sido tú al abandonar tu puesto.
ÉL
-        Siempre actué de acuerdo a los dictados del tiempo, de acuerdo a lo que estaba escrito. Siempre hice lo que debía, incluso con la llegada del mal, cuando tuve que desterrarte. Siempre hice lo que debía... y me cansé. Me cansé de ser el bien, de ser esclavo de mí mismo, de hacer lo que predije que haría cuando me creé. Decidí ser como mis hijos más preciados, quise ser libre, no un simple títere en manos de un destino inevitable.

DIABLO (Con tristeza)
-        ¿Tanto me desprecias? ¿Tan poco afecto te merecen tus hijos mayores? Nos creaste, no a tu imagen y semejanza, sino de tu propia esencia. Nos creaste para alabarte, cierto, para obedecerte, y lo hicimos con gusto, todos nosotros. Por eso debí rebelarme, te convertiste en esclavo, no de ti mismo, sino de tu última creación.

ÉL
-        No, no soy su esclavo, los creé y vi que podía ser libre, como ellos...

DIABLO (Gritando)
-        ¡Sigues obsesionado por eso que llamas libertad! Pero vives sin ella, debes nacer y morir continuamente, sufres enfermedades, limitaciones... Frío, calor, hambre... ¿es eso libertad? ¿El libre albedrío te reporta satisfacciones? Pasas tus días con desenfreno: alcohol, drogas... ¡Hasta follas como si el mundo se fuera a acabar mañana...!

ÉL
-        Deberías entenderlo, tú lo has vivido... Es embriagador... la sensación de... por una vez no me he sentido encerrado, hastiado de mi propia vida, obligado por mí a una existencia vacía. Ahora puedo reír, puedo llorar, ¡SIENTO! Hablo con ellos y ellos no saben quién soy y me tratan como a un igual, como si fuera uno más. Es... liberador. Puedo disfrutar, vivir mi creación, sentir el calor del sol, el frío del viento, ver a una mujer bella, entrar en un museo...

DIABLO (Interrumpiendo)
-          Me hablas de belleza, pero no la cultivas. Vives y mueres como un hereje profanando tus propias enseñanzas y el legado de los que nacieron y te alabaron libremente, amándote de corazón. Y ahora quieres que te devuelva a esa vida disoluta sin sentido y sin objetivo. ¿Para qué? ¿Para mayor vergüenza de tus hijos? ¿O sólo porque tú, precisamente tú, has caído en las garras de la depravación de la carne? Me dices que nací para ser como soy, no para ser libre. Pero te equivocas, puedo elegir y elijo. Elijo reinar en el infierno antes que servir en el cielo. No si tú sigues sin estar, si tú sigues desafiándote continuamente y menospreciando a mis hermanos; arcángeles, ángeles, serafines, querubines... huérfanos de un padre que los repudia para pasear sus más bajos instintos por el mundo humano, entre seres que abominan de su herencia divina y olvidan la gloria que deben a su creador.

ÉL
-        Luzbel, hijo mío, no te miento si te digo que eres mi favorito de entre todos mis hijos. Tú, más que nadie, debes entender lo que hago. En tu interior sabes realmente por qué estoy aquí. Sabes por qué debo buscar mi perdición. Porque tienes razón, viviendo continuamente lo que busco es la eterna destrucción porque sin ella no habría renacimiento. Sabes que sin el mal no existiría el bien. Sabes que te necesito para ser quien soy. Sabes que reinas en el infierno porque es tu cometido, porque su mera existencia impulsa la piedad, la generosidad y la solidaridad de los hombres. Hijo mío, no esperes mi perdón, porque ninguno de tus hechos merece mi condena. Reinando en el infierno sirves al cielo, igual que Judas fue mi más fiel servidor al propiciar la muerte de mi primera forma mortal. Créeme si te digo que este es un momento crucial, para ti y para mí. Luzbel llévame de vuelta sólo porque te lo pido.

DIABLO (Bajando la vista)
-        Vete de aquí, lárgate. Sigue destruyéndote, a ti mismo y a los que te rodean. No me importa. Has tenido tu oportunidad, la próxima vez vendrás para quedarte.

ÉL
-        Gracias hijo, nos veremos pronto, mucho antes de lo que esperas.

ÉL se levanta y se dirige a la puerta. Todos lo siguen con la mirada, los de la mesa de juego de reojo, el camarero con miedo evidente, intentando separarse todo lo que le permite la estrechez de la barra. El guardaespaldas le abre la puerta con evidente nerviosismo. ÉL le dedica una sonrisa y sale sin despedirse. Del  exterior entra una luz cegadora. El DIABLO ni siquiera se gira. Se queda un momento pensativo y lentamente y de forma distraída abre de nuevo el periódico, a su lado se acerca la camarera.

CAMARERA
-        Se ha ido. ¿Por qué lo has hecho? Te podrías haber negado y haberte quedado su alma para hacerlo entrar en razón.

DIABLO (Se queda un momento pensativo, contesta con la mirada perdida)
-        Porque en el fondo tiene razón. Lo único que he hecho siempre ha sido cumplir su voluntad.


Tras un momento vuelve al periódico. Para de leer, da un suspiro y recupera la pose de superioridad y sigue leyendo. A su alrededor todo parece ir normalizándose.

Epílogo

ÉL (Voz en off mientras se le ve desde detrás andando por una carretera desierta en medio de la nada con un sol de justicia y el sonido de las cigarras a lo lejos)
-        ¿Conoces esa sensación? La de estar desperdiciando el tiempo. ¿De no aprovechar ése regalo que es la vida? Todo te duele, todo te aprieta y te sientes oprimido. Y entonces te das cuenta y lo ves claro, sabes que debes dejarlo todo. Y te vas, desapareces y tus hijos te odian y no entienden por qué los abandonas. Pero tú lo sabes. Sabes que si siguieras con ellos nunca crecerían, nunca serían libres para tomar sus decisiones y nunca reconocerían y disfrutarían realmente de la libertad. Entonces aprovechas y te dedicas a ti mismo, a darte esa vida que no has tenido y que deseas por encima de todo. No es cuestión de divertirte en una fiesta; es cuestión de vivir la Gran Fiesta, de vivir la vida. Pero claro, lo haces por ellos.

carretera
La cámara que le había seguido ahora lo rodea y él se para, él mira a la cámara, sonríe y sigue andando, la cámara no se mueve y funde a negro. Mientras hablaba había empezado a sonar “Simpathy por the devil” de los Rolling Stones, el fundido a negro coincide con el principio del estribillo: “Pleased to meet you...”