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Las entradas de este blog que no fueran relatos han sido movidas a mi otro blog. Fantasmas de Plutón queda entonces sólo como blog para la creación literaria.

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sábado, 6 de enero de 2018

Los otros, los tres socios


─ ¿Ya has llegado? ─ al abrir la puerta puso cara de sorpresa resignada.
─ Hace un par de horas. Poca faena, ya lo sabes. ─ Dejó los papeles sobre la mesa y se acomodó en la silla ─ Por lo que veo tampoco tú estás muy boyante.
─ Cada año menos... Al menos a nuestro colega le siguen llegando peticiones.
─ No te hagas ilusiones, al ser negro parece que cae mejor. Hay gente a la que le sigue pareciendo exótico, pero ha llamado hace diez minutos, está de camino, también ha terminado pronto.
─ ¡No me jodas! ─ y se dejó caer pesadamente en el raído sofá que había en el despacho.

Hacía tiempo que el negocio de los tres socios iba cada vez peor. Los pedidos eran cada año menos, muchos preferían la competencia. No es que trabajara mejor que ellos, era, simplemente que su plazo de entrega era un poco antes y eso le favorecía al coincidir con las vacaciones de todos los críos. Tampoco ayudaba que su imagen de cercanía y bonachonería le hubiera facilitado la aparición en no pocos anuncios, programas de televisión e historietas al alcance de millones de personas. Quizá un poco la culpa era de ellos, su área de influencia era pequeña y parecía menguar cada año un poco más.

─ ¿Qué estás pensando? ─ Mientras se revolvía en la butaca no dejaba de mirar a su compañero recién llegado.
─ Esto va mal, necesitamos cambios.
─ ¿Como qué? Ya no nos llaman como antes para aparecer en televisión y encima nos meten en la ponzoña que sale de las cabalgatas cada año... Te digo una cosa, muchas moderneces y toda esa mierda, pero nos perjudica más que nos beneficia... Los modernillos pasan de nosotros y prefieren al gordo cabrón.
─ Lo sé, el puñetero gordo nos está comiendo la tostada... aún recuerdo cuando vino, muy modosito, a que le dejáramos participar en nuestro territorio. Un detallito nada más, como avance para vosotros... ─ puso cara de asco.─ Deberíamos ampliar, hacer lo mismo que él, buscar unas marcas potentes que nos impulsen donde aún no trabajamos, limpiar la imagen, pillar a un par de famosetes para que nos representen...
─No te jode... ¿Y presentar el especial de nochevieja y cantar un rap no te valen? Empiezo a estar viejo. Viejo y amargado y estoy considerando seriamente cerrar el chiringuito, retirarme a una playa soleada y pasar las navidades con las palmeras...
─ ¡No os lo vais a creer! ─ el tercer socio entró de golpe en el pequeño despacho.─ Vais a flipar con lo que ha hecho el gordo cabrón.

Dejó la capa que lo envolvía sobre un butacón que había en un rincón de la habitación y se dirigió a la pequeña fuente de agua. Cuando echó el primer trago se lo pensó mejor y se dirigió al mueble bar, allí se sirvió un whisky, no muy corto que se ventiló de un trago. Los otros dos lo miraban estupefactos. No sabían qué debía ocurrir, pero viendo a su colega no podía ser nada bueno.

─Me he cruzado con Tanvi hace un momento, la de la sección de electrónicos... ¡la chiquilla que pone las pilas a los cacharros! ─ Baltasar era el único que conocía a todos los trabajadores por el nombre. No es que los tratara mejor o peor que los otros, pero a algunos, sobre todo a los más pequeños, parecía que les hacía ilusión y trabajaban mejor.─ Iba llorando, parece ser que tenía un amigo, uno de la fábrica del lapón... Yastin, Yatan, Yaitin o algo así se llamaba. Bueno pues resulta que hace días que no lo ve, ella cree que es porque aquí hace horas extra y él lleva otro horario en la fábrica y no coinciden, pero hoy ha ido a su casa y se ha encontrado a los padres llorando y a la familia de luto ─ se sirvió otro trago mientras sus dos socios se miraban sin entender nada. Los accidentes eran habituales en esa parte del mundo, también los de los chiquillos y ellos no podían hacer nada. Aunque hubieran querido cambiarlo el sistema era así, unos estaban arriba y otros abajo.

─ Anda abrevia que quiero ir al pueblo a desahogarme de la mierda de noche que hemos tenido...
─ A eso iba... resulta que el crío no había tenido ningún accidente. Resulta que al pobre desgraciado se le ocurrió coger una puta peonza con lucecitas del taller y dejar la caja vacía en su lugar. El puto gordo la fue a dejar en una casa y al notar que no pesaba nada la abrió allí mismo. Del grito que pegó se despertó medio vecindario y casi lo pilla la familia. ─ Melchor y Gaspar se miraron esperando lo peor ─ Terminó deprisa y volvió...
─ ¿Se... se... se lo cargó?
─ A hostias por lo visto, cuando llegaron los padres el crío era un amasijo de carne y sangre pero lo peor no es eso... ─ el trago ahora era un vaso entero ─ lo peor es que cuando llegaron el puto Joulupukki tenía los pantalones en los tobillos y se estaba follando al pobre crío...

Los otros dos palidecieron. No podían creérselo, por muy cabrón que fuera Joulupukki no era capaz de eso. ¿Un par de hostias? Claro, al fin y al cabo era él el que se la jugaba. ¿Matarlo? ¿Necrofilia? Incluso para un pederasta redomado como él era demasiado... No, no se lo podían creer...

─ ¿Como estás seguro que es cierto lo que te ha dicho la cría?
─ He bajado al pueblo. Y he hablado con los padres. La familia está hundida, los hermanos deben seguir yendo a trabajar a su taller y la madre aún lleva en la cara las marcas que le dejó mientras la violaba.
─ ¡¿Y el padre?!
─ El padre debe vivir con la culpa de haberlo visto todo y haberse quedado quieto sin hacer nada.
─ Puto psicópata... tiene a todo el pueblo acojonado...

Melchor estaba desecho, con la cabeza entre las manos no podía parar de negar con la mirada fija en la mesa. Gaspar lloraba, se había levantado y miraba por la ventana, apretaba los puños de rabia mientras, entre lágrimas se veía a sí mismo, milenios atrás llevando obsequios, detalles con la ilusión de hacer felices a niños que no tenían nada... se volvió y vio a Melchor como si hubiera envejecido cientos de años en unos minutos... a Baltasar sudando y bebiendo pero como si se hubiera liberado de un peso enorme al hablar pero ahora fuera consciente de lo que había dicho... Los vio en el día que se conocieron, en el primer viaje, en tantas y tantas casas, riendo, soñando... Y supo lo que tenía que hacer.

─ Tenemos que matarlo. ─ Lo miraron como sin entender, como si lo hubiera dicho en otro idioma que no conocieran.─ No hay otra solución, esto se le ha ido de las manos, es un peligro para nosotros y debemos recuperar nuestra parte de negocio... Hay que matarlo. Hay que matar a Papá Noel.

Los tres socios

viernes, 6 de enero de 2017

Mundo en venta

El caballero del traje está en la mesa de su gran despacho leyendo un informe muy concentrado cuando su secretaria abre la puerta.

- Ya han llegado.

- Ah, bien, gracias, hazles pasar. - Entran tres caballeros entrados en años y con ropajes de colores brillantes de estilo de lujo de oriente medio.- ¡Caballeros!, pasen, pasen, están en su casa. ¿Algo de beber? Deben relajarse y disfrutar, dentro de unos días tendrán tanto trabajo que no podrán ni abrocharse las babuchas -ríe-. Espero que lo encuentren todo de su gusto, hemos preparado todo para que la noche sea un éxito total.

- Sí, de eso queríamos hablarle -habla el que aparentaba más edad ya que tiene el pelo y la barba completamente canos-. Precisamente venimos de abajo, de ver los trajes que nos han asignado y...

- Oiga mire -el semblante sigue sonriente, pero la voz es más firme, no admite réplica y quiere que se note- sé que es un gran cambio, que es duro para ustedes pero tenga en cuenta la situación actual, la situación de ustedes... Hay que hacer concesiones pero es siempre por el bien del servicio. Además los trajes han sido diseñados por grandes estilistas siguiendo los cánones actuales de la moda para que sean más cercanos al público objetivo.

- Sí, sí, si le entiendo, y no dudamos de la calidad del diseño o de las telas... pero es que la gente nos reconoce por nuestra vestimenta actual. Recuerde el año pasado al intentar innovar... la buena fe chocó con la realidad y se desvirtuó el día.

- Y la publicidad, recuerda la publicidad -ahora había hablado el que parecía más joven, quizá por no tener barba y ser de color-. ¡Nos han puesto publicidad!

- Miren caballeros -conciliador-, entiendo que no quieran que nada cambie, que todo siga como en los últimos dos mil años pero les recuerdo que estaban en bancarrota, que "su magia" ya no era rentable, que tuvo que venir esta empresa a salvarles el culo y a protegerles del gordo navideño que sí les ha quitado el puesto. La publicidad es como hoy en día podemos dar servicio, los patrocinadores se encargan de aportar la rentabilidad necesaria del negocio...

- Pero es que es publicidad de apuestas... tabaco... ¡Y nosotros trabajamos para los niños! ¡Para mantener la ilusión!

- Mira Melchor, guapo... La publicidad no la elige el que hace de anuncio si no el que se ofrece a poner la pasta sobre la mesa. Vuestros soportes aún no están regulados por lo que nos vamos a permitir sacar el máximo rendimiento y a exprimir todo el espacio. ¿No te gusta? Te jodes. Te jodes tú, se jode Gaspar y se jode Baltasar y si no haber espabilado antes. Lleváis toda la puta vida haciendo sólo esto y no habéis sabido, sois unos jodidos magos y no podéis manteneros a flote. Pues bien, hemos venido y OS HEMOS COMPRADO, HEMOS COMPRADO A LOS PUTOS REYES MAGOS, ¿entiendes? Y no ha sido por amor al arte, ha sido para hacer negocio, ganar pasta, eso que vosotros no habéis sabido hacer. Vamos a rentabilizaros y si no puerta, gente como vosotros los tengo a patadas, no es tan difícil repartir paquetitos un sólo día al año ¡joder! Si os digo que hay que llevar publicidad para vosotros como si es del puti-club de la esquina o de alargadores de polla, os ponéis las putas túnicas y subís a las jodidas carrozas. ¡Ah! y ya os podéis olvidar de los putos camellos, en las jorobas no caben anuncios...

- Vamos a tranquilizarnos todos -Melchor intenta mediar y calmar los ánimos-. No vayamos a decir algo que luego lamentemos. Sólo le pedimos que tenga en cuenta que nos verán niños y que el ejemplo que les damos es importante, de ahí que hay que cuidar con los anuncios...

- Los anuncios se quedan y pobre del que intente taparlos.

- De acuerdo, este año lo hecho, hecho está... Otra cosa... en el almacén de juguetes... parece que faltan cosas y los listados no parecen correctos... Hay casas con listas muy largas y otras sin apenas nada...

- Los listados se han hecho con criterio de comportamiento. Supongo que no es nuevo para vosotros.

- Bien sí, pero la tolerancia siempre ha sido alta... No concebimos una casa sin regalos... el tenerlos suele ser mot...

- Pues ya no, la empresa pone los criterios ahora y se premia a los hijos de los inversores primero, a quien cumple con las expectativas de consumo de nuestras filiales y a quien no nos perjudica por ése orden. Los hijos de los sindicalistas, perroflautas y demás protestantes reciben un correctivo para que no se parezcan a sus padres.

- Pero...

- Ni pero ni hostias. Es la política de la empresa, quien paga recibe y nuestros amigos son los que nos hacen ganar dinero. Ahora esto es la empresa privada no la beneficencia, quien quiera juguetes gratis que aporte. Y ahora si me disculpan...

Los tres reyes se miran compungidos, están aterrados no saben como salir de esta situación y se van con la cabeza baja. El hombre del traje sigue unos segundos con el informe y luego descuelga el teléfono y llama:

 - Por favor llama a la ETT de siempre, pide tres hombres... mayores, a poder ser uno de ellos negro o árabe... para mañana. Tenemos que estar preparados por si estos nos joden.
Los tres reyes

martes, 6 de enero de 2015

En reyes tampoco

Navidad rota
Era la mañana del seis de enero y muchos ojos se abrieron expectantes y precavidos. El pasado día de Navidad ya fue terriblemente decepcionante, Papá Noel no había pasado por ningún hogar, dejando niños y padres desolados y confundidos.

Aquel día los pies dentro de las zapatillas no corrieron hacia los comedores, nadie quería pensarlo, pero la sombra de la decepción planeaba sobre todos.

Lo peores augurios se cumplieron, tampoco los reyes habían hecho acto de presencia. Lloros por parte de los pequeños, rabia y puños prietos entre los mayores que no dejaron caer lágrima alguna. ¿De repente eran todos tan malos? Algo más debía haber, ¿pero qué?

Desayunaro en silencio y vestidos fueron a la calle a ver si alguien sabía algo pero nadie tenía respuestas. Resignados intentaron volver a sus vidas, televisiones y radios ocuparon el vacío de las risas y juegos. Abatidos estuvieron ausentes mientras los locutores desgranaban las noticias del día. En Suecia empezaba el juicio del supuesto activista lapón acusado de contrabando y detenido unos días antes. En Melilla se daba cuenta de un tiroteo a pie de valla con el resultado de muerte de un subsahariano que vestido con una túnica había intentado saltar la noche anterior. Al norte de Irak el ejército islámico proclamaba que había capturado a un espía que con un camello pretendía pasar por sus dominios y mostraba a un anciano asustado a punto de ser degollado. Esa misma mañana un soldado israelí había abatido a un palestino que se había saltado el toque de queda en Ramallah, el saco al hombro había resultado demasiado sospechoso como para obviarlo o dejarlo explicarse.

Mientras, en un paraíso tropical un mandatario de un gran país salía de una reunión con otros gobernantes y proclamaba que el mundo era ahora mucho más seguro.

domingo, 6 de enero de 2013

Navidad, jodida Navidad

Llevaba tiempo queriendo dejarlo pero no podía. Se lo había prometido a sus antiguos compañeros. Había prometido que no lo dejaría, que mantendría la tradición, año tras año, como habían hecho siempre desde que el mundo es mundo.

Pero ahora le pesaban los años, se sentía viejo y solo. Y, lo que era peor, no se sentía valorado. Sentía que su esfuerzo no se tenía en cuenta y que ya nadie se lo agradecía. Es más, lo que al principio fue una alegre iniciativa de tres amigos que sólo perseguían un bonito ideal, ahora era una obligación anual que tenía más de exigencia que de agradecimiento.

Mientras iniciaba el reparto pensó en los primeros años. En aquel momento repartían a todos los niños y, luego, esperaban ansiosos a verlos abrir sus regalos. Las caras de ilusión y alegría los mantenían vivos hasta el año siguiente. Una muñeca de trapo, un coche de madera, unas alpargatas o un patinete eran las ilusiones de niños acostumbrados a una vida dura que luego trataban tan preciadas posesiones con un cariño y una dulzura jamás imaginados. Pero ahora no. Las listas de peticiones cada vez eran más largas y el consabido traed lo que podáis había desaparecido incluso de las cartas de los más inocentes. Consolas de última generación, ordenadores o teléfonos nutrían ahora los deseos de los más pequeños. Los mayores habían dejado de desear salud, dinero y amor para ellos y sus más queridos para integrar en su carta el último grito en televisiones, otro teléfono móvil o unas tetas nuevas para hinchar las que tienen más a mano porque ya se les ha quedado pequeñas.

Recorría las calles lánguidamente, casi sin recordar la alegría con la que antes habían recorrido esas mismas calles de las grandes ciudades, maravillados de conocer aquellas grandes colmenas que, de alguna forma les facilitaba el trabajo. Melchor estaba entusiasmado, Gaspar recelaba demasiada gente y demasiado junta, los problemas no tardarán en aparecer. Y acertó.

Una media sonrisa aparece cuando en una ocasión la policía les dio el alto porque alguien había denunciado a unos tipos merodeando el edificio. Les costó ser liberados, el tiempo que al agente le costó comprender que "esos señores no tenían documentación ni podían tenerla". Fue una buena época. También el coñac lo era, había corrido la costumbre y ellos no podían hacer el feo de rechazar la copa.

Gaspar cayó en seguida. Coincidió con una ola de infantes descreídos y de reclamaciones por no conseguir lo deseado. Entonces se equivocaron más. Intentaron culturizar, explicar que si no portaban bien durante el año no tenían derecho a la plena satisfacción...

Y los mayores les dieron la espalda. Todo el año trabajando y poniendo el culo para que lleguen estos y quieran darme lecciones... Gaspar no lo soportó, era el más anciano. Se suicidó un ocho de enero. No soportó la ola de devoluciones, intercambios y de exilios al fondo del armario para aquellos regalos entregados con la máxima ilusión. Melchor no lo superó. Un par de años no salió al reparto, al tercero lo hizo, pero al pasar cerca de una ventana oyó a un niño quejarse y maldecir, la consola no había llegado. Quedó destrozado por dentro, tanto que no vio venir al primer autobús de la mañana. Un perturbado borracho se tira a las ruedas de un autobús, el titular tampoco ayudó pero había que seguir.

Y durante mucho tiempo ha seguido él solo. Ha aprendido a hacer su trabajo nocturno y no escuchar las voces infantiles que a la mañana siguiente ponen en valor el esfuerzo realizado, tampoco quiere, la ilusión le ha abandonado.

Termina su reparto pronto, ya no disfruta con ello, por lo tanto no se recrea en las casas mirando la decoración, disfrutando del pedazo de roscón que le han dejado o acariciando el pelo de aquel niño que casi se despierta. No. Ahora entra, deja los paquetes y sale, quiere irse a casa.

Y se va. Está andando de camino a casa, sólo quiere llegar, quitarse la estúpida ropa que lleva y meterse en la cama, a llorar en silencio su soledad. Está ensimismado en sus pensamientos cuando oye una voz detrás suyo:

- ¿A dónde crees que vas vestido así, negro de mierda?

Fantasma