Aviso

Las entradas de este blog que no fueran relatos han sido movidas a mi otro blog. Fantasmas de Plutón queda entonces sólo como blog para la creación literaria.

viernes, 23 de noviembre de 2012

Ladrones de cuerpos

Era una noche como otra cualquiera. Empezó su turno con un café escuchando las novedades y los chismorreos de los compañeros que terminaban turno. Fútbol, televisión y poco más era la charla habitual, pero hoy había algo más. Uno de los nuevos le comentó algo que salía en los periódicos de esos días: algunos cementerios denunciaban que por la noche algunos desalmados se dedicaban a abrir tumbas recientes y a llevarse los cadáveres. Era una de esas modas. Ya había pasado antes y no le preocupaba, tal y como empezaba terminaba. Hacía ya más de treinta años que trabajaba en el cementerio de su localidad, veinte en el turno de noche y ya estaba curado de espantos. Cuando hacía la ronda estaba más preocupado por no tropezar con los perros vagabundos que a veces entraban por la tarde y se quedaban encerrados o por las ratas que saltaban cerca de su cara cuando, en verano, tomaba el fresco sobre una tumba de la parte vieja, que por los salteadores que nunca se atrevían a entrar en un cementerio tan cercano a una gran ciudad.

Dio su vuelta de rigor y comprobó los dos enterramientos del día, pura rutina, por si el cemento no cuajaba bien o la losa se hubiera torcido ya que uno era en un nicho nuevo y el otro en una tumba de suelo en la parte vieja. Cumplido el deber decidió ocuparse de la cena.

Se sentó en su mesa, encendió el transistor y desplegó ante sí el periódico mientras calentaba la comida que había sacado de una vieja fiambrera de lata; termo de café y una botella de agua completaron la intendencia, era hombre de viejas costumbres, por eso no olvidó sus cubiertos ni su servilleta de cuadros, recuerdo de una infancia ya lejana.

La noche pasó como otra cualquiera, coches, perros y coches con la música muy alta constituyeron la banda sonora hasta bien entrada la madrugada. Llegada esa hora en la que incluso él flaqueaba y le costaba no rendirse al sueño, algo llamó su atención. Al principio fue tan sutil que pensó en que los gatos volvían a derribar jarrones con flores, pero persistió. Eran unos golpes casi apagados en la zona nueva, para él no había duda: los asaltadores de tumbas habían hecho acto de presencia.

Buscó un viejo chuzo que guardaba a modo de porra, la linterna grande, la pequeña era para el bolsillo, pero necesitaba una que pudiera ser contundente. Salió de su caseta dejando la luz y el transistor encendidos para no delatar su acción temeraria. 

No encendió la linterna, no le hacía falta, conocía perfectamente el cementerio y, además, era noche de luna y una ténue luz azulada le mostraba el camino. Su intuición lo llevaba hacia la zona nueva, hacia la calle donde esa misma tarde había habido un entierro y, efectivamente, allí parecían estar los asaltantes, dos sombras se afanaban con el féretro. Se paró un momento antes de girar y escuchó: era una especie de murmullo, no llegó a entender nada, ninguna palabra, sólo un siseo y un parloteo bajo, arrastraban las eses y casi no oyó vocales. Pensó sólo que hablaban muy bajo y saltó de su escondrijo para encararse a ellos. En cuanto lo hizo las dos sombras soltaron el ataud que mantenían  cogido y salieron corriendo en direcciones opuestas. Sin amedrentarse empezó a persiguir a uno de ellos, al menos uno pagaría.

El intruso era alguien muy ágil y con buena visión, pese a no llevar luces no tropezó en ningún momento con lápidas, piedras o escalones. Gritó y lo amenazó mientras corria detrás de él, hacia la parte vieja del cementerio. Giraron una esquina y ya no lo vió. Pensó que debía de haberse escondido tras una lápida, allí ya no había nichos. Avanzó con cuidado por entre las tumbas, la pesada linterna en una mano y el largo chuzo en la otra, hacia el enterramiento de ese mismo día.

Como había supuesto la tumba estaba abierta y ni rastro del féretro ni del perseguido. Se asomó al interior de la tumba, vacía, empujón y caída. El golpe fue brutal, tuvo el tiempo justo de verle la cara antes de desmayarse.





Fantasma


3 comentarios:

  1. Ainss!! Me falto algo en el final, me quede con gusto a poco, espero la segunda parte, la abrá?

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  2. Me uno a Gilda y pido una segunda parte. Está tan emocionante...

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  3. UN PRINCIPI MOLT BÓ, PERÓ ESTIC AMB LA GILDA EM FALTA UN FINAL,

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