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Las entradas de este blog que no fueran relatos han sido movidas a mi otro blog. Fantasmas de Plutón queda entonces sólo como blog para la creación literaria.

lunes, 31 de diciembre de 2012

Navidad, inocente navidad...

Hacía poco que había cumplido los ocho años y se acercaba la navidad. Como era lógico cada vez estaba más nervioso. Era un chico normal, ni más listo ni más tonto que los demás pero había algo que lo hacía distinto: era el único de todos sus amigos y conocidos que no lo sabía, no sabía el gran secreto de la navidad.

Él no llegaba a ser consciente de su ignorancia, pero sabía que algo se le escapaba. Todos cuchicheaban a su alrededor y cuando se acercaba callaban. Cada vez que le comentaba a algún amigo lo nervioso que se sentía al acercarse el día en que Papá Noel llegara a su casa con los regalos, no recibía más que respuestas vagas. Quizá era su propia ilusión la que lo hacía inmune a las dudas pero algo empezó a calar en él.

- Hoy casi no he dormido en toda la noche...
- ¿Y eso? ¿Otra vez han hecho ruido los vecinos?
- ¡Nooooo! es que sólo faltan dos días...
- ¿Dos días? ¿Para qué?
- ¡Para que llegue Papá Noel! Tengo unas ganas... ¡a ver si me trae lo que he pedido! ¿Y tú que le has pedido?
- Bueno... poca cosa.. ya sabes...
- Jo, tengo unas ganas...
- Oye, ¿tu ya lo sabes, no?
- ¿El qué?
- Pues eso.. lo de Papá Noel... que no es una persona normal...
- ¡Pues claro! ¡Es mágico! Pero me parece que los mayores no lo entienden...
- Eeeeh, sí claro, oye me voy. Ya nos veremos después de reyes, creo... oye, cúidate y si viene Papá Noel a tu casa, no intentes verlo. Dicen que no es bueno.

Y su amigo se fue, de golpe se había puesto serio y se iba arrastrando los pies y mirando al suelo. Se quedó un rato pensando pero recordó que sólo faltaban dos días, dibujó una sonrisa y salió corriendo hacia su casa.

Llegó jadeando, su madre ya tenía lista la merienda.

-¿Qué te pasa que vienes tan corriendo?
-Nada. Mamá, ¿sabes que mañana viene Papá Noel? Tengo unas ganas...

Su madre se quedó callada, sonriendo ante la ilusión de su hijo.

- ¿Mamá?
- Dime hijo.
- ¿Pasa algo con Papá Noel?
- ¿Porqué lo dices? - no le gustaba el cariz que tomaba la conversación.
- Porque los otros niños no tienen ganas de que venga, me parece que soy el único que tiene ganas...
- Alguno habrá que también quiera... - la madre ya se empezaba a preocupar.
- No, ninguno. Y todos cuchichean y no me cuentan de qué hablan.
- ¿Todos? ¿Estás seguro?
- Sí todos.

Ahora su madre ya estaba completamente alarmada y él lo notó. No quiso preguntar cuál era el problema, tampoco le dio mucha importancia, pasado mañana por la mañana encontraría los regalos y seguro que su madre se alegraría y jugarían todo el día.

Por la noche no pudo dormir. Se levantó muchas veces a beber agua, y otras tantas tuvo que ir al baño. En uno de sus paseos oyó a sus padres hablar en voz baja.

- Te digo que es el único que no lo sabe... es el último...
- Venga, no exageres, seguro que hay más, aún es pequeño...
- Que no. Estoy preocupada, no quiero que se entere de esto así... deberíamos decírselo...
- No seas inconsciente, si de verdad es el último en enterarse no podemos decirle nada... ya sabes lo que hay, no podemos quitarle la ilusión. Las consecuencias pueden ser catastróficas...
- (Llorando) Es tan pequeño...

Se marchó a la cama extrañado, no sabía cual podría ser ese gran secreto que hacía llorar a su madre... y no sabía qué podía ser lo que todos sabían y él no, pero se durmió casi enseguida, ya era bastante tarde.

El día pasó rápidamente, sus padres estuvieron con él en todo momento. Fueron a patinar, a visitar el mercadillo navideño de la Plaza Mayor y le compraron todos los dulces que pudo comer y alguno más... La tarde no fue peor, jugaron a sus juegos favoritos, ¡incluso su madre se atrevió con la consola! No se dio cuenta y ya estaba cenando. Su madre tenía los ojos rojos, había llorado. Su padre le miraba y le sonreía sin decir nada y él estaba pletórico, casi no cenó, ¡sólo quería irse a dormir para que llegara ya la mañana siguiente!

Su padre lo despidió con un beso y una sonrisa un poco extraña. Su madre lo arropó y le dio un beso en la frente.

- Sobretodo no te levantes de la cama, pase lo que pase... a Papá Noel no le gusta que lo interrumpan... - y una lágrima resbaló por su mejilla.

Pese a lo que parecía se durmió casi en seguida. Estaba agotado. Pero en un momento de la noche se despertó y oyó un crujido. Alguien andaba en el comedor casi de puntillas. ¡ERA PAPÁ NOEL! El corazón le golpeaba con fuerza el pecho, casi lo sentía en la garganta... Cerró los ojos con fuerza y se resistió, no quería levantarse, no quería enfadar a Papá Noel... Luego vino el silencio, se había ido... El chico estaba ya desvelado y los regalos probablemente le esperaban bajo el árbol. No perdía nada si les echaba un vistazo. Estuvo unos minutos pensando... seguramente sus padres se enfadarían, a estas horas hay que estar durmiendo le dirían. Pero sólo un vistacito, sólo mirar cuantos paquetes habría y sopesar alguno, claro, para saber qué había dentro... Luchó contra la idea unos minutos y cuando se convenció de quedarse en la cama y seguir durmiendo... se levantó de un salto y corrió hacia el salón.

Al entrar se fijó en el árbol y ¡bingo! dos montoncitos de regalos. Se acercó a tocarlos y vio que en un montón estaba el nombre de su padre, en el otro estaba el de su madre. Nada para él... y, tras pensarlo un poco, se dio cuenta de lo que había pasado ¡había interrumpido a Papá Noel! Se levantó corriendo para volver a la cama con la esperanza de que volviera a traerle sus regalos, pero al girarse... al girarse lo vio delante suyo, imponente, con el traje rojo, la barba blanca, los ojos con un brillo extraño y una mueca por sonrisa. El chico se quedó parado...

- O sea que eres tú el chiquillo inocente. El único que aún no conoce el secreto de la navidad. ¿Nadie te ha contado nada? ¿No te han dicho cual es mi secreto? - El chico negaba con la cabeza.- Bien pues te lo contaré, al fin y al cabo has sido bueno y te lo mereces; cada año Papá Noel, yo, reparte regalos a todos los niños y familias que se han portado bien. Pero nada es gratis, ¿verdad? - El chico asintió. - Hay que pagar, al fin y al cabo yo también debo comer... ¿verdad?
- Allí he dejado galletas...
- Bien, bien, lo único malo es que a mí no me gustan las galletas. Verás, tengo un trato con todos los mayores. Durante todo el año me encargo de los que se portan mal, por eso debes portarte bien... pero en navidad, también tengo mi regalo. - Se iba acercando cada vez más... - Y mi regalo, querido amiguito, es el último niño bueno de su generación que no conoce el secreto de Papá Noel.

Y sin terminar de hablar se abalanzó mostrando sus enormes colmillos sobre el pobre chico que no dejaba de gritar mientras su madre lloraba en su cuarto, su padre cerraba los puños con fuerza y los niños vecinos mantenían los ojos tan cerrados como podían sin mover ni un solo músculo y sin, casi, atreverse a respirar.


Fantasma

2 comentarios:

  1. Jo, qué tensión!!!
    Y qué crueldad!!
    Malo, más que malo!!

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  2. Como ha cambiado la historia...solo de pensar que luego vienen los reyes y son tres...no quiero que me traigan nada!!! Seguro que son zombis o algo asi!!!
    Por cierto, el papa noel que sube y baja es un coñazo...no me deja leer !!!

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